La mañana del domingo viene un poco más amable que las anteriores. Suerte para los tipos que hacen sonar la máquina de escribir en medio de la plaza de la Constitución. Los dos son poetas y acaban de improvisar unos versos basados en una palabra, una situación, un recuerdo o una emoción trasladada por los vecinos de Zamora que se han sentado frente a ellos. Casi parece que esa gente ha ido a hacerse el DNI, pero el documento que se llevan los interesados nada tiene que ver con lo burocrático, sino con lo artesano de unas letras pensadas y escritas al vuelo.
La propuesta en cuestión se llama «Tinta entre libros» y es otra más de las ideas ejecutadas para dar color a la feria del libro. Calor ya tiene. Por esas aguas ha navegado la cita de este año, la cuadragésima edición del evento en Zamora: entre las propuestas para animar a la gente y el tórrido final de mayo que ha convertido algunos ratos en infernales. Tanto, que algunas libreras admiten que se ha planteado la posibilidad de adelantar un poco la fecha para la siguiente, por si el anticipo del verano empieza a ser lo usual y no lo extraordinario.

Pero, de momento, hay que centrarse en lo que ha pasado aquí en 2026: «En este lateral, el viernes estábamos a 45 grados dentro de las casetas», asegura María Teresa Fernández, la secretaria del IEZ Florián de Ocampo. Es decir, «sudando por los cuatro costados». Sufrieron para vender, pero vendieron: «Ha habido gente muy participativa, muy colaboradora, que venía a preguntar las cosas», destaca esta mujer desde el stand, al tiempo que indica que los compradores han ido a por el libro de arquitectura y urbanismo en Zamora, el catálogo de puentes u obras de figuras como José Ángel Rivera de las Heras, fallecido este año.
En su stand, lo zamorano es lo que hay, pero el resto de las compañeras complementan la oferta para que el lector encuentre un poco de todo en esta «placita de los libros», como ha identificado Clara Sánchez, la dueña de Octubre, a la plaza de la Constitución. Aquí se ha plantado ya la feria y no tiene intención de moverse. La librera cuenta que ha habido movimiento estos días y que los puestos notan las presentaciones destacadas, como la de Pedro Simón o la de Espido Freire.

En negativo, también se percibe cuando los eventos coinciden al mismo tiempo. Tal cosa ocurrió en la tarde del sábado, con el festival Hurra para unos y la final de la Champions por la tele para otros. La Bien Querida y Luis Enrique se aliaron para robarle clientela a los libros. Pero aún así no hay quejas abundantes. Ni por el calor. ¿Se puede cambiar la fecha? Se habla, pero no se decide. Entre otras cosas, porque si lo adelantas dos semanas puede suceder lo que este año en esos días: lluvia, que es peor. Habrá que adaptarse a la primavera y a un calendario difícil de acomodar.
También a los gustos de la gente, no queda otra. Y este año ha gustado Comerás flores, de Lucía Solla. Y los que siempre venden. Y Stephen King, un seguro de vida para Octubre. A eso hay que sumar, en este stand, la literatura japonesa y al Osito Tito, el que causa furor entre los niños de cero a tres años. Esos muchachos todavía no entienden qué hacen los señores de la máquina de escribir, pero ya han entrado por la puerta de la lectura. No hace falta que busquen la salida. Se está bien en este mundo.
