Aunque la Cofradía del Silencio data de 1925, las primeras salidas procesionales del Cristo de las Injurias se remontan más de dos décadas atrás. Al año 1902, concretamente, como consecuencia de una campaña liderada por el diario católico tradicionalista El Correo de Zamora a favor del incremento de pasos de la Semana Santa. Los semanasanteros de la época se fijan entonces en el Cristo de las Injurias, establecido en la Catedral desde que llegara, a mediados del siglo XIX, del convento de Los Jerónimos, donde se encontraba hasta ese momento. El día escogido para el desfile era el Viernes Santo y la procesión, la del Santo Entierro, aunque la autoridad eclesiástica no lo veía con buenos ojos pues ya entonces empezaba a pensarse en la Semana Santa como recurso turístico, algo no siempre bien recibido en el clero. Se convence a los religiosos con mediación del alcalde, Isidoro Rubio, y se aprueba trasladar al Cristo desde la Catedral hasta el convento de Santa Clara (de donde entonces partía el Santo Entierro) en el día más cercano al Viernes Santo sin procesión en las calles. Esto es, el Miércoles Santo.
De aquel traslado nace la procesión. Pero la historia va más allá. Según relata José Luis Hernández Luis en su libro Silencio, publicado con motivo del centenario de la cofradía, el Cristo de las Injurias desfiló en 1902 acompañado del Cabildo, de las autoridades y de numerosos fieles, con hachones encendidos. También procesionó el Cristo, asegura Hernández, aunque las actas fundacionales de la Cofradía no lo recogen, en 1903. En cualquier caso, no sale ya en 1904. El Cabildo decidió no autorizar más salidas del Cristo porque en 1903 esta no se habría llevado a cabo con el «debido decoro» y se aduce además que la cruz no reunía unas condiciones mínimas. Si lo primero es correcto o no, no hay manera de saberlo. Lo segundo, el mal estado de la cruz, era un hecho.
El Cristo de las Injurias permanece en esa cruz maltrecha hasta 1925, cuando se funda su Cofradía y se establece que procesionará cada tarde del Miércoles Santo. Y lo hará con una cruz nueva. Lo recoge el acta de fundación de la hermandad, texto del que hay copia y cuyo original se guarda dentro de la actual cruz del Cristo. El texto dice lo siguiente:
«Solo una vez salió en procesión la imagen del Cristo de las Injurias, fue en el año 1902, pero en temor de que la cruz donde prende la imagen no ofreciera seguridades por ser muy vieja, pues cuenta 365 años de existencia, se desistió de volver a sacar en procesión la Sagrada Imagen.
Pero este año y en los sucesivos volverá a salir procesionalmente, gracias a la generosidad de un miembro de la Junta de Fomento, que ha regalado una nueva cruz magnífica. Ese donante es don Julio Santos Funcia, natural de San Miguel de la Ribera…».

La vieja cruz del Cristo
Así pues, la cruz se cambió, y la vieja no se destruyó ni se perdió, cuestión común en este tipo de situaciones. Existe aún hoy y es visitable en la ermita del Humilladero del pueblo en el que vivía el hombre que pagó la nueva, que pidió llevarse la cruz original cerca de su casa, a San Miguel de la Ribera. La cofradía le concedió el deseo y ahí sigue, más de un siglo después. Enorme, la cruz es de madera y está visiblemente deteriorada, hasta el punto en el que hoy se consideraría una temeridad sacar al Cristo en procesión descargando su peso sobre ella.
La cuestión, ahora, es determinar si esa cruz que se conserva en el pueblo de la Tierra del Vino es, como dicen los vecinos, la original del Cristo. Y las pesquisas indican que sí. Entra aquí en juego Luis Salvador, tío abuelo del fotógrafo zamorano, y hermano de la Cofradía del Silencio, José Antonio Pascual. Luis Salvador fue fotógrafo aficionado durante toda su vida y en su archivo hay verdaderos tesoros de la historia de Zamora. Uno de ellos, una de las pocas (si no la única) foto que se conserva del altar en el que el Cristo de las Injurias estaba ubicado en el convento de Los Jerónimos.
Lo cuenta ahora José Antonio Pascual. «El Cristo ya estaba en la Catedral con el convento en ruinas, pero un día, estando mi tío abuelo en Viriato, se entera de que están tirando el convento de Los Jerónimos y se va para allá con la bici y con la cámara». Se encuentra un pequeño altar dentro de un arco con una vista de Jerusalem pintada y con las imágenes de la Virgen y San Juan. Una representación típica del Calvario en la que falta Jesús. En su lugar, sobre la pintura, hay la sombra de una enorme cruz que sin duda estaba ahí y que, en el momento de sacar la foto, ya no estaba. Es donde se encontraba el Cristo de las Injurias. Luis Salvador hizo una foto, quedó en ir a hacer otra al día siguiente y no pudo cumplir su propósito porque, horas después, la pequeña capilla ya había sido dinamitada.
Lo relata documentalmente César Amador Isidro, director de la Escuela de Arte de Zamora y estudioso del convento. «El Cristo de las Injurias se encontraba en una pequeña capilla adosada al altar mayor del capítulo, espacio que cumplió la función de iglesia del monasterio de san Jerónimo de Zamora, ya que el templo proyectado nunca llegó a construirse. Esta dependencia, citada de manera reiterada en las fuentes como la capilla del Crucifijo, fue levantada en la segunda mitad del siglo XVI. Desde ella se accedía al interior de las gradas de la capilla mayor, ámbito reservado para el enterramiento de la familia de Antonia de Valencia

Sea como fuere, hay una foto, tratada digitalmente después por José Antonio Pascual que muestra la sombra de una cruz «de palo, irregular», con imperfecciones y con varios detalles que permiten aventurar que la cruz que hay en San Miguel de la Ribera estuvo antes en Los Jerónimos. «La posibilidad de contemplar ahora la fotografía completa permite no solo ubicarla con precisión dentro del conjunto monástico, sino también relacionarla de manera directa con el Cristo de las Injurias», apunta de nuevo César Amador Isidro en un artículo publicado en la revista del Silencio. «En la fotografía se aprecia un calvario pintado en el interior de un arco, al fondo se distingue la representación de una ciudad amurallada y, en el intradós del arco, aparecen el sol y la luna. La zona central ha perdido la capa pictórica, aunque conserva la silueta de una cruz, lo que indica que fue arrancada de su emplazamiento original», relata el historiador
«En un primer momento podemos observar que la silueta de la cruz de la fotografía nada tiene que ver con la cruz actual del Cristo de las Injurias. En realidad, la forma de la cruz de la fotografía se corresponde con la primitiva cruz del Cristo que se encuentra en la ermita del Humilladero del pueblo zamorano de San Miguel de la Ribera, donde se conserva tras la donación de la actual en 1925», continúa el director de la Escuela de Arte de Zamora.
En la cruz nueva ha salido ya el Cristo de las Injurias, más seguro, durante los últimos cien años. Un siglo en el que la cruz original ha sido testigo del paso del tiempo desde San Miguel de la Ribera. Un pedazo de la historia de la Semana Santa que, lejos del foco, ve pasar el tiempo a algo más de veinte kilómetros de Zamora. Junto a la madera, una simple fotografía del Cristo de las Injurias recuerda que esa cruz un día acogió a la que, posiblemente, es la imagen más venerada de la Semana Santa de Zamora.

